Somos hijos de las estrellas

 

¿Somos una raza hibrida?


Según Flindt*: Dejando el hombre aparte, lo mejor que podía hacer la naturaleza en la Tierra era construir tres grandes familias de monos. Esto significa que la naturaleza tardó quinientos millones de años en formar un millón de neuronas (capacidad máxima del cerebro de un antropoide). A este ritmo, cada seis meses se desarrollaba una neurona… y el hombre con sus diez mil millones de neuronas hubiera tardado diez veces lo que los simios en desarrollar su fantástico cerebro.
Diez veces quinientos millones de años son cinco mil millones de años.


Según Binder**: Y quisieran hacernos creer que el hombre, con su soberbio órgano para pensar, salió de la retorta evolucionista simplemente en dos millones de años.


Es evidente que la naturaleza no creó el cerebro del hombre. Fue obra de los hombres espaciales, quienes lo obtuvieron a través de un antiguo experimento de reproducción o de una serie de ellos.


Brinsley Le Poer Trench – La Eterna cuestión de los OVNIS

*Max H. Flindt – On Tiploe Beyand Darwin
**Otto O. Binder - Flying Saucers Are Watching Us
 
 
 



Hay científicos genetistas controlados que están financiados y dirigidos por el Poder para servir, sin saberlo, al plan de los Anunnaki para el dominio absoluto de la raza humana. Algunos, habiéndoles asignado la amedrentadora tarea de de catalogar y preservar el ADN de toda forma terrestre viviente, creen que están trabajando para el bien de la humanidad y la protección de otras especies, ignorando que la entregada obra de su vida sólo recibe subsidios y financiación gubernamental para asegurar que la semilla de toda biología terrestre sea transportada a otro planeta anfitrión y a la estación de la Luna –la zona propiedad de la Élite del Poder.

Patricia Cori

 

Otros*, con una creencia aún más oscura, son voluntarios coleccionistas de especímenes para los Anunnaki y sus colaboradores extraterrestres, que siempre están intentando gestar una fuerza esclava perfeccionada para otros mundos, en otros marcos espacio-temporales. Algunos de estos científicos gubernamentales sirven como asistentes de laboratorio a los Zeta Reticulinos, en esa fase de invasión de la soberanía humana que implica la colección de esperma y de óvulos humanos de “abducidos” forzados y aterrorizados –un programa que se propone salvar a su propia raza involutiva de la extinción.

Otros incluso, centrados en las incalculables recompensas económicas, trabajan “capitalizando” los increíbles almacenes de sabiduría contenida  en los diseños de la Creación intentando crear y perfeccionar ordenadores de ADN biomoleculares que son tan minúsculos que pueden caber, de una sola vez, un trillón de ellos en un tubo de ensayo de laboratorio.

Patricia Cori
*científicos de los que nos traicionan, sin saberlo o sabiéndolo

 


Un centímetro cúbico de vuestro sofisticado ADN, en su expresión limitada –la doble hélice- puede almacenar más datos que todo lo que puede registrarse y almacenarse en unos novecientos mil millones de discos compactos de vuestra actual tecnología de manejo de datos.

¿Podéis imaginar lo que serían capaces de informatizar doce hebras de ADN interactivas (cuatro tetraedros de luz funcionando conjuntamente de manera perfecta? ¿Imagináis lo que la “basura” de la que os dijeron que no tenía función ni propósito será capaz de deciros, de crear, de recordar?

Imaginad vuestra inmensa capacidad, Homo Sapiens.

E imaginad, simplemente imaginad, con qué majestad y luz nacisteis al ámbito terrestre.

Patricia Cori

 

El eminente astrobiólogo Paul Davies, profesor de filosofía Natural en el Centro Australiano de Astrobiología de la Universidad de Macquarie, y Charles Linneaver, un reputado astrofísico de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Sydney (Australia), publicaron recientemente un artículo en la revista Astrobiology, donde sugerían que podrían haberse producido intercambios tempranos de material genético entre alguno de nuestros ancestros y algunas formas de vida extraterrestres.

Paul Davies nos propone en otro reciente artículo en New Scientist: ‘Usando retrovirus, una civilización lejana en el tiempo y en el espacio podrían haber colocado un mensaje en el genoma de los organismos terrestres. Estos mensajes se habrían conservado y podrían replicarse casi sin cambios durante millones de años, esperando el momento adecuado para manifestarse’

Considero que con estos datos es suficiente para que podamos extraer nuestras propias conclusiones.

Lo que nosotros empezamos a descubrir ahora, ya lo pudieron haber descubierto en otros mundos hace miles y miles de años.

 

Virginia Dangma  -  Avisos del Cielo