El hombre en la Tierra

 
 

Todo en el Cosmos está relacionado, así, cada uno de los planetas del Universo cumple una función muy importante que sólo él puede cubrir. Los planetas son seres vivos que nacen, crecen, se desarrollan, enferman y algún día mueren. Durante su larga vida distintas civilizaciones ocuparán ese planeta y se establecerá una simbiosis entre él y la humanidad que lo puebla. Si el hombre evoluciona, el planeta también lo hará, pues al ser respetadas las leyes de la Naturaleza este se desarrollará en toda su plenitud y armonía.

 

Pero, volvamos a la Tierra. El hermoso planeta azul es muy joven aún, sin embargo puede ya contarnos una vasta historia al albergar a lo largo de su existencia a tres generaciones de seres humanos.

 

 Una generación de un planeta es un colectivo de personas o espíritus que deciden realizar una tarea común durante un periodo de tiempo, al cabo del cual, si en su mayoría han alcanzado el objetivo se produce el cambio de generación de esa mayoría a una etapa superior en la escala evolutiva. Si no lo han logrado pasarán únicamente aquellos que hayan realizado durante sucesivas encarnaciones un esfuerzo mantenido, con lo que su ser integral tendrá una vibración acorde a la nueva etapa.

 

Cada generación tiene un plazo previsto por el colectivo. En el caso del planeta Tierra ese plazo suele ser de 25.000 años, que es el tiempo que tarda vuestro Sol en dar la vuelta alrededor de la estrella Alción de la constelación de las Pléyades.

 

En la Tierra hay vestigios de vida humana que se remontan a unos 600 millones de años. Desde esa época, aproximadamente, la evolución del planeta permitiría la vida de seres humanos en algunas zonas de su corteza, por los que los hombres de Apu transportaron en sus naves pequeñas comunidades de hombres de distintos grados de evolución, cuyos planetas de origen estaban sufriendo cambios que los hacían inhabitables, indefinida o temporalmente. Estos hombres encontraron en la Tierra un sitio donde vivir durante un tiempo hasta que pudieran ser llevados a planetas en condiciones de albergarlos definitivamente. Esta es la razón de las llamadas “huellas erráticas”, denominación que los arqueólogos y antropólogos han asignado a aquellos vestigios que, según la cronología establecida académicamente, “no podían estar ahí”. Valga como ejemplo el descubrimiento que realizó Stanley Taylor en las orillan del Río Paluxy, en Estados Unidos, donde encontró huellas humanas junto a las de dinosaurios, cuando la antropología sitúa la desaparición de estos animales hace más de 250 millones de años y faltaban aún 247 millones de años para la aparición del primer protohomínido.

 

Hace aproximadamente 3 millones de años fue realizada la primera modificación genética en unos primates que vuestra ciencia denomina como australopithecus. Como consecuencia de esta modificación surgió, después de varios miles de años, una nueva especie de seres llamados pithecantropus con características claramente protohumanas. Por propio desarrollo y asimilación de sus experiencias, el pithecantropus pasó a convertirse en el ser al que se denomina Neandertal y homo sapiens, con características ya claramente humanas. Estos seres fueron sometidos a una segunda modificación genética, que dio como resultado la aparición del primer ser humano consciente autóctono de la Tierra: el hombre de Cro-Magnon y homo sapiens-sapiens. Esta nueva modificación afectó al desarrollo del cerebro de los hombres de Neandertal, especialmente a la conexión entre el neocortex y el hipotálamo, lo que les posibilitó para ampliar su capacidad intelectual. Apareció el lenguaje, se activaron  una serie de centros y glándulas que permitieron al hombre luchar contra la adversidad utilizando cada vez más áreas cerebrales.

 

Aunque ya nos hemos detenido anteriormente en estos acontecimientos, es importante hacer constar que debido a la larga estancia de los hombres de Apu en la Tierra, se consideró al periodo de 300.000 años que permanecieron en el planeta como la PRIMERA GENERACIÓN de seres humanos que la ha poblado. Cuando se marcharon transportaron en sus naves a tribus o colectivos de pithecantropus y neandertales primitivos que coexistían con el homo sapiens-sapiens y les llevaron a planetas acordes con su grado de evolución. En la Tierra quedaron los homo sapiens-sapiens o Cro-Magnon quienes durante 150.000 años habitaron el planeta intentando desarrollar sus potencialidades.

 

Su trabajo consistiría en aprender a reconocerse a sí mismos como seres independientes, intentando controlar su entorno, ampliando su capacidad de consciencia para que estuviesen preparados para la siguiente etapa: la vida en comunidades sociales. Hace aproximadamente 50.000 años comenzó la SEGUNDA GENERACIÓN de habitantes de la Tierra. Estuvo compuesta por una parte de los homo sapiens terrestres ya capacitados para contrastar sus experiencias con otros hombres formando comunidades, y por otra parte los habitantes de Urano, que por entonces se había hecho inhabitable debido a trastornos ecológicos y gravitacionales. Estos trastornos fueron provocados por la invasión de la órbita de Urano por otro planeta desconocido hasta entonces. También la acción de los propios uranitas sobre su planeta, alterando el equilibrio ecológico y haciendo irrespirable la atmósfera, provocó que un gran número de ellos tuvieran que ser trasladados en naves de la Confederación de Mundos Habitados de la Galaxia a otro planeta de similar evolución: la Tierra.

 

Estos hechos marcaron el final de la generación de Urano. Así, los uranitas que habían alcanzado el suficiente grado de evolución pasaron a formar parte de una generación un peldaño superior en otro planeta, y los que fueron traídos a la Tierra  tuvieron que repetir la experiencia no superada y permanecer en el mismo grado de evolución. Los más adelantados intelectualmente en el continente llamado Atlántida que se encontraba en el océano Atlántico, y del que algunos restos son las islas Canarias y las Azores. Los más retrasados intelectualmente se instalaron en Europa, Asia y África. Este grupo de uranitas se mezcló con los homo sapiens terrestres enseñándoles, entre otras cosas, el uso del fuego.

 

Por último, hubo una tercera expedición que completó la segunda generación de la Tierra; estuvo formada por hombres traídos de Marte y de un planeta llamado Lemurt. Fueron transportados por naves de los Hermanos Mayores e instalados en el continente que se conocía como Lemuria y del que son restos las islas de Polinesia y Japón.

 

El continente americano no fue habitado en esas fechas a causa de la inestabilidad telúrica.

 

25.000 años duró esta generación. La pauta la marcaron los atlantes que condicionaron la evolución del planeta y sus habitantes con su filosofía de vida. Crearon una sociedad teocrática, tecnológica y colonizadora, orientada a la explotación de otros pueblos menos desarrollados, controlando el conocimiento, las materias primas, la religiosidad y la economía del planeta.

 

Su tecnología dominaba la energía atómica y por otro lado utilizaban sectores de la mente que hoy consideraríamos como paranormales. El final de la generación estuvo marcado por la utilización de la energía nuclear en guerras internas y un desequilibrio ecológico a gran escala. Se provocaron cambios climatológicos tales que la temperatura del globo aumentó, los hielos se fundieron y se generaron grandes cataclismos geológicos que las diferentes tradiciones nos han hecho llegar como Diluvio Universal.

 

Los cambios geológicos que marcaron el final de la generación atlante modificaron masas continentales y borraron casi en su totalidad los vestigios de esa generación. Atlántida y Lemuria desaparecieron bajo las aguas y los continentes se reconfiguraron al aspecto en que hoy los conocéis. Sin embargo, estos acontecimientos no sucedieron de la noche a la mañana. Su comienzo ocurrió hace 25.000 años y su final hace aproximadamente 12.000. Durante ese tiempo, naves de la Confederación de Mundos habitados de la Galaxia fueron recogiendo especies animales y vegetales para salvaguardarlas del cataclismo y poder reintegrarlas a su hábitat natural una vez hubiera pasado todo.

 

De la misma forma, muchos hombres que habían alcanzado un grado de evolución acorde con el de sociedades armónicas que pueblan otros planetas, fueron llevados a ellos para seguir su ascenso evolutivo. Por el contrario, quienes no alcanzaron ese grado de evolución tuvieron que repetir sus experiencias nuevamente en la Tierra, dando lugar a la TERCERA GENERACIÓN, la actual, la cual está constituida por tres tipos de razas humanas diferentes:

-‘La raza blanca’, compuesta por los terrestres que sobrevivieron al cataclismo y que no habían alcanzado el nivel evolutivo suficiente para acceder al siguiente escalón en la escala evolutiva. Eran descendientes de los uranitas que habían sido traídos hacía 25.000 años.

-‘La raza negra’, procedente de un planeta que sufrió alteraciones en la órbita alrededor del Sol, como consecuencia de las cuales se vio modificada su masa y su atmósfera, lo que provocó que sus habitantes tuvieran que trasladarse a la Tierra.

-‘La raza amarilla’, procedente de un satélite de Saturno ya desaparecido. Al parecer, la causa de la desaparición fue la incorrecta utilización de la energía atómica, que provocó, al estallar, el cinturón de asteroides y polvo que forman los anillos de Saturno. La raza roja es el resultado de un mestizaje ocurrido en ese planeta.

 

Junto a todos estos hombres vinieron algunos terrestres de la generación atlante que antes del cataclismo habían sido sacados de la Tierra por los Hermanos Mayores y llevados a colonias donde se ocuparon en aprender y practicar un modo de vida basado en el respeto y el equilibrio. Estos hombres vinieron a la Tierra como Patriarcas y dieron referencias sobre cuál era el objetivo a lograr, a la nueva generación que comenzaba.

 

El objetivo era el mismo que cualquier generación de cualquier planeta: aprender a construir sociedades armónicas, basadas en relaciones de intercambio justo entre todos los hombres. Aprender a regular las dimensiones inferiores, vegetal y animal, basándose en el equilibrio ecológico. Aprender a no interferir en la evolución del hombre y del planeta que le sirve como soporte.

 

 

Terrestres: Esta es la historia – Los Manuscritos de Geenom I
 
 
 Vestigios de la Atlántida, bajo el mar, próximos a las Islas Canarias. Google se ha apresurado a borrarlos tras dar las típicas explicaciones falsas y estúpidas que la élite oculta exige
 
 
 

LA ATLÁNTIDA

 

Conociendo vuestro origen, vuestro pasado, entenderéis mejor al  hombre que hoy sois y podréis proyectar vuestro deseo para ser el hombre de mañana.

 

La Atlántida era un continente situado en lo que hoy conocéis como el Océano Atlántico. Era una vasta extensión de terreno en forma de triángulo isósceles que fue llamada Tierra de Atzlán. Medía aproximadamente de Norte a Sur 6.000 Km y de Este a Oeste 1.200 Km. En la zona Noroeste unas enormes montañas se elevaban llegando a sobrepasar los 10.000 m de altitud. El suelo era muy fértil y gozaba de un clima benigno, porque esos montes les preservaban de las corrientes frías del Norte.

 

Casi contiguo se encontraba otro continente con una actividad telúrica muy acusada, ocupando lo que hoy es América del Norte y Sur. La inestabilidad era tal que aparecían por doquier volcanes que intentaban aliviar la presión interna del planeta. Frecuentes movimientos sísmicos agitaban  las tierras y las fuerzas desatadas de la naturaleza producían desastres climatológicos. Todo ello dificultaba el asentamiento de hombres en esa zona.

 

En la Atlántida se instalaron los más adelantados intelectualmente (de los uranitas) y, con el paso de los siglos, fueron desarrollando una amplia cultura. Floreció una civilización que superaba, en algunos aspectos, a la vuestra. Habían logrado grandes avances tecnológicos y desarrollado ciencias como la medicina, la aeronáutica y la ingeniería. Conocían la energía eléctrica, que obtenían fundamentalmente del Sol. También conocían la energía atómica y, aunque no la usaban como arma, se desestimó por contaminante. El Sol les proporcionaba toda la energía eléctrica que necesitaban. Habían construido grandes y modernas ciudades, lo que les permitía llevar una vida cómoda.

 

Llegaron a construir unos vehículos voladores similares a vuestros helicópteros cuyas hélices se movían por electricidad. Habían diseñado baterías extremadamente potentes de larga duración y poco peso.

 

Su sociedad no estaba basada en el dinero, pero no era muy justa debido a las castas. Los atlantes, por el hecho de serlo, tenían más privilegios que cualquiera que fuese de otro país y, entre los atlantes, especialmente los militares y sacerdotes.

 

Un grupo de élite, minoritario, había logrado desarrollar áreas cerebrales que aún permanecen inexploradas por vosotros. Manejaban energías mentales que causaron el enrarecimiento de la armonía planetaria, influyendo sobre las conductas sociales, haciéndolas muy similares a las actuales. Tenían muy desarrolladas las glándulas pineal y pituitaria, lo que les abría las puertas de la telepatía y de otras percepciones extrasensoriales.

 

No obstante, el desarrollo moral o la evolución espiritual no fueron paralelos al desarrollo tecnológico y cometieron el error de crear una sociedad teocrática donde las castas sacerdotales tenían un gran poder y ascendencia sobre el pueblo. Con el paso del tiempo, el excesivo protagonismo de los sacerdotes trajo consigo el derrumbamiento de la fe. Se incrementó la delincuencia y la droga, que hasta entonces había sido utilizada para curar, se usó para la evasión mental.

 

Por otra parte, el abuso de la tecnología desembocó en una sociedad cómoda y escéptica, con degradación paulatina de los valores morales. El hombre fue perdiendo autonomía hasta terminar esclavizado por la técnica.

 

Además los sistemas políticos y económicos estaban orientados hacia la explotación de otros pueblos menos industrializados o desarrollados. Los atlantes terminaron por controlar las materias primas y por ende la economía. Manipularon la difusión, el conocimiento y la religión, por lo que la pauta ideológica de sus dirigentes era la que marcaba la evolución de toda la generación.

 

También poblaron el planeta otros pueblos que estaban asentados en Europa, Asia y África. Estos tenían menor desarrollo intelectual, aunque pertenecían a la misma etapa y procedían de Urano. Estos hombres convivían con los oriundos  de la Tierra que poblaban esas zonas, a las cuales enseñaron el uso del fuego, la agricultura, el comercio y la organización social. Gracias a eso pasaron de ser nómadas a sedentarios y comenzó a desarrollarse una incipiente industria, cultura y filosofía de vida. Se conoce como la llamada ‘revolución neolítica’. Sin embargo, todos estos pueblos permanecían sometidos al yugo de los atlantes.

 

Otra gran migración, que llegó a la Tierra poco antes que los atlantes, estuvo compuesta por seres procedentes de Marte y de un planeta muy lejano llamado Lemurt. Todos ellos se asentaron en un continente conocido como Lemuria, que se encontraba en el Océano Pacífico.

 

Estos eran hombres sencillos, agricultores y artesanos y no contaban con ejército alguno. Tenían un carácter pasivo y dedicaban su mente a la meditación. Sus vidas estaban plagadas de una gran cantidad de ritos, tabúes y ceremonias. Como contrapunto de los atlantes, no estaban nada tecnificados.

 

El afán colonialista de los atlantes pretendió sacar del pueblo lemurt materia prima barata, pero no consiguieron que el pueblo se movilizara. Después de varias matanzas, desistieron.

 

Por el grado de desarrollo alcanzado, muchos habitantes de la Tierra, sobre todo de Atlántida y Lemuria, tenían la oportunidad de pasar a la siguiente etapa de evolución. Sin embargo, una sucesión de errores determinó un final muy distinto para ellos.

 

Al final de la civilización atlante la degradación moral y espiritual fue casi total. Practicaban la esclavitud de otras razas a las que sometían a todo tipo de vejaciones y abusos, obviando su condición de seres humanos. Era una sociedad racista y explotadora.

 

A pesar de todo, en los últimos años, se dispersaron por el Este y Oeste algunos elementos no prostituidos  que lograron transmitir sus enseñanzas a pueblos de lo que hoy es América Central y del sur y también al Norte de África, como Egipto y, en  Europa, a las zonas que hoy ocupan España, Francia e Irlanda: vascos, normandos y celtas.

 

Los druidas fueron los receptores de la enseñanza atlante, y fueron dejando su legado a las generaciones sucesivas a través de individuos elegidos que pudieran continuar su obra.

 

En el Norte de África floreció la civilización egipcia y, en el mediterráneo, las culturas persa, griega y romana. En América se concentraron en zonas como Perú, Bolivia, México, Guatemala y Ecuador.

En Oriente Medio, en cambio, la India recibió la influencia de Lemuria. A los vedas les llegó el conocimiento a través de las incursiones de los pueblos arios del Norte de Europa y Asia.

 

El yoga, por ejemplo, fue una simbiosis atlante-lemurt.

 

El afán imperialista de los atlantes les llevó a guerras sucesivas y se provocaron grandes trastornos en el planeta unidos a la degradación ecológica que se había acelerado en los últimos años. La atmósfera, un día limpia y rica, se fue haciendo irrespirable y dañina, ocasionando enfermedades y muerte. Se produjeron cambios climatológicos que terminaron con el precario equilibrio de la ecología. La temperatura del globo aumentó de tal forma que los hielos, que aún cubrían gran parte de la corteza terrestre, se fundieron y provocaron el mayor cataclismo conocido hasta entonces. Terremotos, maremotos y volcanes se sucedían cambiando la orografía de la Tierra. Las montañas desaparecían abriéndose en su lugar profundas simas por las que escapaba el magma incandescente. Las convulsiones del planeta eran de tal envergadura que gran cantidad de seres vivos perecieron en una catástrofe de proporciones inimaginables.

 

El hundimiento de la Atlántida se fue produciendo de forma paulatina y por zonas. El sur se hundió primero (lo componía la tercera parte aproximadamente). 10.000 años más tarde se hundió el norte como consecuencia de la caída de un gran meteorito y, aproximadamente 15.000 años después, el centro se partió en dos hundiéndose de forma brusca (representaba casi las dos terceras partes del continente, pues el norte que ya se había hundido, era pequeño). En esa zona central es donde se encontraba la capital: Poseidón. Este último hundimiento provocó un maremoto gigantesco que anegó grandes zonas del planeta, especialmente la cuenca mediterránea, y también produjo desplazamientos continentales, grietas en la corteza terrestre y grandes terremotos y volcanes.

 

Fue conocido como el Diluvio Universal y realmente fue un diluvio, porque la evaporación del agua del mar, producida por la entrada en contacto con el magma ígneo del interior de la Tierra con la masa de agua, a través de las grietas, produjo nubes espesísimas de vapor de agua, que fueron dejando caer lluvias torrenciales sobre gran parte del planeta, provocando inundaciones múltiples, aunque luego muchas de las zonas anegadas volvieron a aparecer cuando bajó el nivel del mar.

 

El cataclismo fue casi general y se dejó sentir en todo el planeta, aunque afectó más a la Atlántida, pues el continente prácticamente se hundió bajo las aguas.

 

La Tierra, convulsionada, quedó poblada por algunos núcleos aislados que se dedicaron con empeño a reconstruir lo que se había destruido. Una floreciente civilización desapareció bajo las aguas, sin dejar apenas rastro de su paso por el planeta.

 

Vestigios de la Atlántida son las Isla Canarias, las Azores, Bahamas y Bimini (el continente americano y Euro-África estaban  más próximos de lo que hoy están). Los guanches (pueblo canario) fueron los descendientes de los atlantes que al quedar aislados volvieron a un tipo de vida primitivo. Lemuria, que se vio también afectada por el cataclismo aunque en menor grado, se hundió parcialmente. Sus restos son las islas de Japón y Polinesia.

 

Antes del cataclismo final, la Confederación había ordenado varias misiones de rescate para sacar del planeta a un buen número de personas y especies vegetales y animales, que fueron llevados en naves a otros planetas del sistema solar, hasta que la Tierra se reacondicionara para el desarrollo de una nueva civilización.

 

Comenzaba así la tercera generación de habitantes de la  Tierra, vuestra generación.

 

¿Cómo era posible que siendo hombres tan adelantados y con capacidades cerebrales tan desarrolladas, cayesen en esos errores?

 

Tened en cuenta que esas facultades eran atesoradas por un reducido grupo que se convirtió enseguida en una élite de poder actuando como el escaparate de la civilización. De ahí se dedujo que todos los atlantes tenían esas características.

 

 

El hombre célula cósmica – Los Manuscritos de Geenom II
 
 Tablilla de Michigan; Diluvio, 'Ojo que todo lo ve' y OVNIS; el engaño se hace presente a través de la barcaza capaz de albergar a todos los animales de la Tierra con su pareja macho y hembra
 
 
 Tablilla de Michigan con OVNIS, la Serpiente (élite oculta) y lagarto (ser del tipo reptiliano)
 
 
Posiblemente en la antigüedad a los hombres se le engañase con la idea de que el 'Ojo que todo lo ve' (la élite oculta, realmente) está en todas partes y que este podía descender hasta cualquier lugar en el que se hallase un hombre; los ojos serían OVNIS
 
Por supuesto, el SER no es que lo vea todo, es que lo es TODO, pero este no pide cuentas; quienes piden cuentas y amedrentan son los agentes de la élite oculta, los engañadores, quienes viven de los seres de la granja

 

 

 

¿REALIDAD VIRTUAL?

 

Sí; existe, aquí y ahora. Siempre será una realidad virtual la que vivamos. Pero la realidad virtual tan llena de negatividad que vivimos la creamos entre todos nosotros en base a nuestra ignorancia*, pues los conceptos en los que basamos nuestra realidad y a través de los que la creamos son erróneos, con algo así como unos programas falsos.

Por eso la élite oculta tiene tantos agentes para implantarnos esos programas falsos, pues en otro caso expandiríamos los límites de lo que conocemos (nuestra cárcel) y nos abriríamos a mundos cada vez más magníficos y evolucionados. Siempre viviremos las limitaciones que nos auto-impongamos, en base a nuestras creencias, como colectivo principalmente, pues es el inconsciente colectivo el que crea la realidad en la que nos expresamos.

¡Claro que extraterrestres negativos pudieran venir a imponernos sus programas para aprovecharse de nosotros! Pero  si evolucionáramos en conciencia seríamos nosotros los que impondríamos nuestra realidad. Los seres negativos no hallarían terreno abonado entre seres positivos y se irían.

Comenzaremos a tener problemas serios en cuanto alguien de nosotros les siga el juego a los negativos, seres asentados en nuestro planeta, y estos comiencen  a actuar a través de ellos implantando programas destinados a limitarnos y hacernos sus esclavos.

 

El Libertario

*la realidad que experimentamos siempre es virtual, algo creado entre todos nosotros; pero media una gran diferencia entre crear una existencia muy dura y una existencia suave. La diferencia entre una y otra circunstancia consiste en crear desde la ignorancia, de una forma inconsciente, y crear con plena consciencia y habiéndose dado cuenta de que el Universo siempre nos devuelve como un reflejo lo que ponemos en él, es decir, que si le enviamos positividad, bien, este nos devuelve más bien y viceversa

 

 

 

Todos los universos, ya sean macroscópicos, microscópicos, de vibraciones infra o ultra en relación al observador, están compuestos de infinitas partes que se relacionan entre sí por el conjunto de fuerzas que se denomina AMOR.

 

No existe actitud que no se haga por amor en alguna de sus incontables formas de expresión. Por amor se vive y se muere, se evoluciona o involuciona. Una guerra se hace por amor, ya sea por amor a la esclavitud o al dominio (como hacen los demiúrgicos), o por amor a la Libertad y a la Dignindad (como hacen los Teurgos). 

 

El Amor es la Fuerza de Dios manifestada en la relación entre dos o más individuos, así como la Voluntad es la Fuerza de Dios manifestada en la acción individual.

 

El científico sin mística es esencialmente dañino, y el místico sin ciencia, que descarta la razón, se hace fanático y deforma la esencia religiosa llevándola a un plano psicológico inferior. El científico debe tener sentimiento místico y el místico debe ser científico. Ambos deben ser filósofos completos, ya que no es posible entender el Verdadero Amor sin el equilibrio que da la Inteligencia; y la Inteligencia sin Amor sólo puede crear esclavitud, desastres y sufrimientos. El Ser Humano debe manifestar Amor por sí mismo, pues como todo manantial, no podría dar lo que no tiene. Eso se llama Dignidad. Y sólo quien es Digno puede dar Amor y hasta sacrificarse en alguna medida por los demás, de acuerdo a lo que su conciencia le indique.

 
 
Testamento de Todos los Tiempos – Ramiro de Granada